viernes, septiembre 29, 2006

Malú Urriola gana el Premio Pablo Neruda 2006


Viernes 29 de Septiembre de 2006
El Mercurio Online

La fundación Pablo Neruda decidió entregar el premio Pablo Neruda correspondiente al año 2006 a la poetisa Malú Urriola, por su destacado trabajo literario.
El jurado compuesto por Jorge del Río Pérez, como presidente, Rosabetty Muñoz, como designada por la Fundación Pablo Neruda, Matías Rafide, como representante de la Academia Chilena de la Lengua, y Reynaldo Lacámara, como representante de la Sociedad de Escritores de Chile, acordó por unanimidad distinguir el trabajo de Urriola.
El galardón se otorgó en consideración a que "su proyecto poético es original y creativo. Revisa con insistencia el acto de escribir en medio de la descomposición de un mundo donde la soledad es materia viva y logra representar esta pregunta hecha carne en una palabra derramada y contenida al mismo tiempo", según expresó el propio jurado.
El Premio Pablo Neruda se otorga anualmente desde 1987 a un poeta no mayor de cuarenta años. Lo han recibido dieciocho poetas, cuya obra es significativa para la literatura chilena contemporánea. Ellos son Gonzalo Millán, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Clemente Riedemann, Carlos Trujillo, Teresa Calderón, Erick Pohlhammer, Alicia Salinas, Tomás Harris, José María Memet, Isabel Gómez, Bernardo Chandía, Rosabetty Muñoz, Andrés Morales, Armando Roa, Jaime Huenún, Víctor Hugo Díaz y Germán Carrasco.
El próximo martes 12 de diciembre Malú Urriola recibirá de manos de Juan Agustín Figueroa, Presidente de la Fundación Pablo Neruda, el premio consistente en un diploma, una medalla y seis mil dólares.


Mujeres que buscan, cambian, se divierten: poetas argentinas




Por Anahí Mallol


Si quisiéramos trazar una genealogía de poetas mujeres argentinas a lo largo del siglo XX, después de la insoslayable Alfonsina Storni, son Olga Orozco, Alejandra Pizarnik y Susana Thénon quienes aparecen como voces fuertes. Todas ellas trabajan por el abandono definitivo de los subgéneros destinados a las mujeres escritoras y del tono confesional, para dialogar con la poesía argentina a secas, no sin establecer una lucha desde dentro de las estéticas contemporáneas pero en contra de ciertas modulaciones o tonos que se percibe como ajenos.

En la década de 1980, esta política de la escritura[1] se volcará hacia el rescate y puesta en evidencia de un uso y deslizamiento de los subgéneros o géneros menores. Las poetas articularán una doble operación de búsqueda y construcción de una subjetividad que apela constantemente a una recategorización de la experiencia, no sólo en sus poemas sino también en sus ensayos y traducciones de otros poetas.

El golpe de estado contra el reflejo deberá ser entonces, según Diana Bellessi, doble. Y transcurrirá por dobles caminos. Lo que define desde el espacio teórico como cruce geográfico-pulsional: ser pardo en la constitución de la mirada, auna el entramado de su poética (heróica, erótica, exótica) de un modo renovado en cada poemario. Bizquera de la aprehensión femenina del mundo y de su decir, en permanente lucha con el imaginario hipotecado, que prescribe mimetismo y ruptura simultáneamente, digresión y corte, erudición y gravedad, el gesto abre el espejo y el poema como heridas de quien, con la voz pequeña, decide ir cerca.


Por eso el camino hacia el jardín, microutopía fundante y devastadora al mismo tiempo de la escritura, en tanto jardín que mata y que pide ser muerto para ser jardín, se tapiza de devenires (devenir-planta, devenir-animal, devenir-poema) pulidos por una retórica salvaje en mí menor. Y Sur se abre bajo la advocación a las voces anónimas de los dichos y cantos de los pueblos americanos, como poética de pasajes, de desplazamiento. El texto se construye como una tensión propiamente dialéctica entre lo perdido y lo ganado, entre lo propio y lo ajeno, en la tensión de lo temporal como categoría ontológica en el origen de la experiencia de lo humano, y propone una obra, además de lírica, épica, pero desde una épica no de la conquista sino del cuidado, “Cuidado de lo otro y poder/ no de poseer, de dejarse/ ir”. “Lo que no es propio ni es ajeno” se revela como música y hace eco en el corazón (del sujeto expandido dejándose decir, del poema construido sobre las voces otras y no la voz).

En la escritura de Delfina Muschietti la voz misma está quebrada, desdoblada, desleída. Tal vez porque se trata de la voz del sueño es que se erige a partir de su propia dislocación, una casi ubicuidad exasperada que se desarrolla con la precisión irritada de unos ojos dañados por la luz excesiva del mediodía y la oscuridad del poema que circula por los misteriosos caminos de lo imaginario.

El sujeto que escribe concentrado en el hilo vacilante de la voz, que es también el hilo vacilante de la mirada, que es el ritmo alternante del poema (con versos de longitudes tan variadas que llegan a fundirse con la prosa), a partir de su no pertenencia se expande hacia lo otro, texto, cuerpo ajeno, paisaje, o menos, fragancia, color, luces mutantes y se contrae hacia el detalle, lo mínimo ("Allí persistimos también: en el delicado pétalo blanco que se abre a una sostenida fragancia") y aún lo cotidiano, que restituye la escena de la lectura al escenario del poema. El poema se configura entonces como cuerpo vivo, porque late, pero sobre todo porque respira. Es el aire exalado lo que constituye el ritmo, de la respiración, de la lectura, pero es más que nada lo que intercede, lo que media la relación del cuerpo con el mundo en un espacio indecidible en su pertenencia, porque el aire se convierte en el espacio mismo del poema en el que el sujeto se experimenta, en el que el alma vuelve a ser lo que fue una vez: el hálito, el aliento, lo que se intercambia amorosamente entre los cuerpos.


rtesanado de la palabra, fino trabajo de orfebrería y engarce exacto del significante en la cadena de un sintagma ya antes repujado, son las marcas que del barroco ostenta la escritura de Tamara Kamenszain. Esa complicación que hace del máximo del brillo en sus facetas, del choque de las luces, del estallido de la sintaxis, su arte, encontrará en Kamenszain unas modulaciones específicas.

Con la reflexión sobre el trabajo del poema, sobre el trabajo del significante y del sentido, tramará una reflexión sobre las tareas tradicionalmente adjudicadas a las mujeres, lugares por donde “lo artesanal, obsesivo y vacío”, es decir, lo barroco (pero ahora, barroco cotidiano de la labor de las mujeres) se vuelve el seno, entre origen y alimento, del texto silencioso.

Como un ropaje extendido sobre el vacío de la ausencia de respuesta, como un subterfugio de la seducción para (in)satisfacción de un deseo siempre un fuga, como una costura manual pero invisible del lado del revés de lo que es mostrado, la escritura se despliega. Escribe entonces una historia, más una historia de preguntas que de certezas. Cada poema se propone como una indagación que fuerza el procedimiento de las aproximaciones fónicas y/o semánticas entre las palabras para mostrar impúdicamente su reverso: Soledad del que escribe ante la máquina de un lenguaje, que si aparece siempre dominado no deja por ello de decir su propiedad, es decir, su ajenidad.

Los textos de Mirta Rosenberg son textos dados a la luz de una porfía, el ejercicio de una escritura que reflexiona (se vuelve) sobre muchos de los mitos románticos, para construir desde allí un espacio teórico-sentimental y levantar como sola verdad, por lo demás inútil, el valor-trabajo. Montado sobre la decepción de lo deseado, el poema se vuelve, más que un acto, un “antro de fe”, que profanando lo íntimo, descreyendo de la posibilidad del discurso de lo íntimo y su confesión, construye ese espacio de fe en un ejercicio verbal laborioso.


La desconfianza, no sólo con respecto a las palabras, que aparecen enrarecidas, sino en relación con el acto comunicativo mismo, es radical. Si no hay desborde del yo que se exprese en el poema (entendiendo el significado de “expresar” como derivado de la raíz ex-pressus, de ex-premere, “apretar hacia afuera”) no es sólo porque ya no es posible proseguir en la estela del romanticismo y es aún necesario discutir a Wordsworth y su célebre frase (“toda buena poesía es el desbordarse espontáneo de poderosas emociones”), sino porque no es posible hallar los elementos básicos de la situación comunicativa: no hay yo (mucho menos un interior del yo), no hay lenguaje expresivo (sino constructivo), no hay tú. Por eso el acto de habla se vuelve mentira, o verdad en fuga por el acto mismo de la enunciación, y lo sentimental, una teoría o un objeto.

Las poetas de los 90, por su parte, vuelven a pensar la poesía y su relación con lo que la rodea desde un nuevo ángulo: variaciones discursivas donde la poesía actúa como una pantalla distanciadora en relación con la lengua que refracta los otros discursos, sin jerarquías y sin militancias, y también designa una experiencia que conecta el cuerpo a la máquina (incluida la máquina del lenguaje o la máquina del poema), y que se ha definido como tecno
[2]. Lo tecno es la pérdida de la ingenuidad, es la escritura desde la desconfianza radical. Símil-realista, símil-naif, el poema tecno noventa expone la superficie y se escatima al subterfugio del sentimiento.

Por ejemplo en la voz pretendidamente ingenua de algunas poetas mujeres, voz que si se revierte en el grupo Belleza y Felicidad[3] por el trabajo sutil de una ironía refinada que remite constantemente a una exacerbación vuelta posible del lugar común con que se pretende definir al neobarroco como el típico juego de asociación fónica al que se suma el típico juego de las alusiones sexuales más o menos veladas, ahora bajo el velo fashion del homoerotismo entre mujeres, en otras autoras estará jugando siempre en los bordes en que la escena infantil se vuelca desde la alegría hacia el dolor y hacia lo siniestro y un humor, entre cínico e irónico, hasta autoirónico, sin dejar de reconocer la fragilidad del espacio conquistado[4].

Por eso es posible ver más que la banalidad de un mundo conquistado por las mercancías, e incluso más que el insight repentino que dice que “el ser no está más allá de las cosas, sino que sólo se hace tangible en ellas”[5], en esos “dedos que sólo las chicas saben meter aplastando Bubaloos”[6].

Así se define una “tercera posición” que desestabiliza, desde una desconfianza radical (con respecto a la política, a la teoría y a la estética pero incluso también a ciertas categorías de la experiencia y hasta a la mera percepción) los estereotipos heredados, aquellos que circulan por los massmedia y tambien aquellos que circulan por la literatura, repensando posiciones genéricas y de escritor que desarman las dicotomías que configuraron el campo literario-poético de la década anterior, y que separaba tajantemente la escritura de los varones de la de las mujeres, salvo raras excepciones, como la de Juana Bignozzi.

Para no ser niñas/os de los decires ajenos, las nuevas y los nuevos poetas buscan redefinir, como siempre, su relación con otros poetas anteriores, para establecer su propio lugar, y buscan, aunque inconfesadamente algunos, definir su posición genérica (o transgenérica, no importa).

Y lo hacen simplemente así, ni igualitarias/os, ni buscando una definición o una certeza, ni combativos, siempre con humor, con ironía, desde lo que les pasa, desde la seguridad en la existencia de una experiencia propia (de propia inseguridad), ser hombre, ser mujer, ser travesti, transexual, ser en esta sociedad, con más de un sexo y algún género (que recubre el sexo, para que se vea, para que no se vea, para que sugiera).


Ahora que saben que lo privado es político ya no se preguntan si lo correcto (políticamente correcto) es hablar como la gente de cosas que le pasan a la gente o retraerse en la exploración de la subjetividad, la infancia, el miedo, al modo de Pizarnik.

Ahora que no tienen que defender ni definir sus modos del deseo, sólo lo echan a andar y que se oriente como quiera, como pueda, hacia los/las iguales, hacia los/las diferentes. Porque ahora saben que los sexos son más que dos y que la escritura de las mujeres puede ser, es, más que hablar de puntillas, volados, moños, no piden permiso ni se ruborizan para confesar que toman todo el Tang que pueden por amor a las proteínas o para culpar a los broderies de la cama por ponerse tan enamoradas.

Tampoco se traicionan cuando se hablan en masculino o en impersonal, cuando eligen devenir-niño y no niña, ni cuando sitúan la fuerza masculina, la del padre en una escena mínima, cotidiana y tierna, visto con ojos de niño[7], proponiendo, como valor de la masculinidad, precisamente la ternura.

Ahora, que conviven con el lápiz Revlon, que juegan con las figuritas de Sarah Key, que crecieron acunados/as por modelos-muñecas anoréxicas, y son tan gordos que deben inventarse consuelos, ahora el maquillaje, las muñecas, la tele, el sexo, la madre (desdramatizados, visto con serenidad y distancia su espesor trágico que así se adelgaza, se vuelve cómico o se asume como una máscara o disfraz para el juego y la experimentación) están ahí, diciendo, y sin querer decir más que lo que dicen: de esto, de esta mezcla de discursos, estamos hechos.


[1] Uso este concepto en un sentido amplio, que abarca una forma de pensar la propia poética, consciente o inconscientemente, en sus realciones de pertenencia y lucha con otras.
[2] De acuerdo con la lectura de Delfina Muschietti.
[3] Integrado por Fernanda Laguna, Cecilia Pavón y Gabriela Bejerman.
[4] Por ejemplo en Roberta Iannamico y Marina Mariasch, María Medrano y Ana Wajszczuk, entre otras.
[5] Tal como definen a la poesía los poetas objetivistas.
[6] Marina Mariasch.
[7] Como Roxana Páez, Martín Rodríguez, Miguel Angel Petrecca, Hernán Lagreca, Gabriel Reches.


Panorama de la poesía chilena de mujeres: 1980-2006


Por Patricia Espinosa H[1].



Resulta evidente que abarcar 26 años de poesía de mujeres en un texto más bien breve como este, puede parecerle a muchos un despropósito. Pero creo que se está haciendo cada vez más necesario asumir ciertos despropósitos desde el punto de vista de la crítica. Sobre todo en lo que respecta a la literatura hecha por mujeres, la cual continúa siendo silenciada por la hegemonía crítica masculina. Más aun, y esto es todavía más grave, ya que desde los esquemas de clasificación y los protocolos de canonización, hasta los procedimientos de publicación y difusión, continúan relegando a un lugar secundario a la producción literaria realizada por mujeres. Esto demuestra que, más allá de los espejismos generados por ciertas coyunturas pseudoigualitaristas devenidas de la última elección presidencial, los procedimientos de control que recaen sobre las mujeres en la actualidad, continúan tan vigentes como antes. Entre estos procedimientos el más poderoso de todos es el de signar con la invisibilidad la producción intelectual de las mujeres. De ahí que, desde un lugar menor que asumo como tal, pretenda recorrer el último cuarto de siglo en la poesía escrita por mujeres. Sin embargo, se hace necesaria una precisión de corte teórico, ineludible para analizar un período tan extenso. El concepto de cambio ligado a la literatura me parece teóricamente poco sustentable. Este concepto ha guiado la lógica de la historiografía literaria, específicamente en lo que se refiere a las generaciones literarias. Cada nueva generación aportaría contenidos y formas nuevas que permitirían su diferenciación de la anterior. Pero cuando estudiamos las voces subalternas, no sería necesario intentar aprehender las modulaciones de aquello que una y otra vez quiere visibilizarse. Más aun, lo que vemos en las historias literarias no es el pretendido cambio, si no la reiteración y autoafirmación de una dominación. Por cierto, la propia pretensión de un panorama se sostiene en el clásico gesto generalizador que me huele a “vista” de la totalidad, no de los detalles, no de los intersticios o fragmentos que componen un territorio.


El gran género literario durante los años de la dictadura fue la poesía[2]. Un gran número de escritoras constituyen la llamada vertiente femenina de la denominada Generación del ’80 u ’87, a la que la crítica ha caracterizado por acoger con fuerza el discurso testimonial y la disidencia respecto a la hegemonía dictatorial. La poesía adopta el lenguaje cifrado, el velamiento y la ambivalencia discursiva sin por ello transar con una poesía quieta. Todo lo contrario, son textos profundamente rabiosos e intensos. Quizás sea la rabia el gran rasgo contenedor de la diversidad de estas obras que exponen una doble denuncia: el estado dictatorial y la condición de sujeto mujer convencional. Estamos ante voces de mujeres fuertes para resistir aquello que denuncian: el dolor, la angustia, la violencia. Rasgos ligados sin duda a la represión política imperante y que aparecen en un dramático diálogo con el cuerpo. Quizás por ello, el erotismo se evidencia en tanto deseo siempre fracasado. Este último rasgo me parece tremendamente importante: la mujer como sujeto activo, en continuo proceso deseante aun cuando todo su entorno se fractura paulatinamente. La escritura y por ende la voz lírica resultan ser el único lugar posible para expresar la crisis individual y social. A pesar de lo cual hay apelaciones continuas a un otro, amante, naturaleza, país, Dios, la historia, que no logra romper la angustia. Estamos ante una poesía donde predomina una sujeto que permanentemente expone su condición de sobrevivencia, y que, a pesar de todo, lucha por trascender el estado de crisis. La poesía se carga a lo narrativo, sin embargo las experimentaciones más que formales van hacia el tratamiento del lenguaje: cifrado, simbólico, plagado de imágenes. La poesía de mujeres de los ’80, nos entrega una visión de la naturaleza siempre nefasta, incluso -a ratos- terrorífica; sin embargo a la vez también es recurrente la homologación del yo lírico a la figura de un animal fragilizado como un ave o una oveja. El desarraigo es también otra recurrencia, al igual que el concepto de viaje hacia la muerte. Todos ellos elementos orientados a criticar la lógica de la dictadura (el gran enemigo común, en palabras de Isabel Larraín[3]) o la mercantilización del entorno chileno y/o latinoamericano. La poesía vincula, además, la experiencia cotidiana, la domesticidad, los lugares comunes mediante el humor negro especialmente dedicado a desacralizar la condición de mujer victimizada. Claramente se advierte el interés por desarticular la imagen de mujer convencional mediante la exposición o denuncia de la multiplicidad del significante mujer. Lo cual trae adherido la visibilización del cuerpo, del erotismo, la desarticulación del concepto de madre, de sujeto dependiente de lo masculino.


El poder simbólico de la dictadura marca tan profundamente a estas escrituras que con dificultad podría señalar la afirmación de un escepticismo radical ante las llamadas verdades absolutas. Se instala así una suerte de entrada a la posmodernidad. La dictadura instala un orden patriarcal al cual la poesía escrita por mujeres impugna y que incide en las tensiones y las erosiones de los significados que subyacen en los procedimientos textuales de comprender lo femenino y lo masculino como discontinuidades permanentes, identidades móviles y en continua reconstrucción. Y si hablamos de metarrelatos caídos, en términos de discursividad posmoderna, en tanto verdades supuestamente universales, últimas o absolutas, empleadas para legitimar proyectos políticos o científicos, la poesía de mujeres de los ‘80 vive la caída del gran metarrelato de la revolución instalado por la Unidad Popular; lo cual incide en generar la emergencia de un discurso nostálgico de libertad tanto para el país como para la propia sujeto mujer. Es más, me atrevo a señalar que la instalación de la dictadura representa por un lado la caída del metarrelato de la libertad y revolución allendista; sin embargo, el golpe militar reinstala un nuevo metarrelato, el de la centralidad de una razón fascista estructuradora del orden, la configuración de una ideología hegemónica, una narrativa totalitaria capaz de controlar cualquier posible micropolítica. La dictadura no es nada más ni nada menos que la instalación de un proyecto de unidad, de modernización. Ante la hegemonía totalitaria, surge la contestación menor, fragmentaria, los discursos periféricos de resistencia, los sujetos de resistencia. Territorio en el cual la poesía de mujeres ocupa un rol fundamental. No podríamos afirmar una dominancia posmoderna; pero sí podemos corroborar la visibilización de multiplicidades de discursos, lo que obviamente da cuenta de la pérdida de legitimidad del discurso mayor. La poesía de mujeres a partir de los ’80 intenta subvertir la posición histórica de la mujer en la poesía. Así, dejando entre paréntesis la producción y figura de la Mistral, la poesía escrita por mujeres se asimilaba al intimismo, al desborde emotivo, a la retórica de la sensibilidad cuyo lugar primordial era el salón, el ornamento, el apéndice de las obras poéticas masculinas. Sin embargo, la propuesta de cambio presente en la poesía de mujeres, encontraba todavía grandes resistencias a nivel de la crítica hecha por hombres. Lo predominante ha sido el binarismo o la disyunción polarizante como práctica fundamental de la historiografía y los modos de clasificación. Estamos obviamente ante gestos políticos en los cuales los críticos saben que deben validar algo, pero no saben qué es lo validable. Reproduciendo un gesto de silenciamiento terminan siempre generando un discurso homogenizante, enaltecedor y paternalista a partir del recurso contrastivo con la poesía masculina. Más aun, desde los ’90 la tendencia ha sido la inclusión de mujeres en las antologías siempre desde un lugar periférico[4].

Ahora bien, si la poesía de los ’80 se hace cargo de lo público asumiendo un doble vínculo: con las políticas de su condición de mujer y sujeto social, la poesía de los ’90 enfatiza la recuperación del lugar público; específicamente la ciudad y la configuración de un yo-mujer atrapado/violentado ya no por la estructura dictatorial sino por sí misma. La poesía de mujeres a partir de los ’90[5], ya no aborda la dictadura como tema; sin embargo, esto no significa despojarse de la crítica socio-histórica. Si anteriormente el intento de borrar al país devenía de la dictadura ahora viene del neoliberalismo. Asistimos a la instalación de voces más individualistas y focalizadas en lo menor-cotidiano. La soledad y el desamparo expuestos en los ’80 aunque se mantiene, ahora se le suma un nuevo rasgo: el desencanto. Y si antes la rabia del discurso se focalizaba fundamentalmente en la oposición a la dictadura, ahora se vuelca a la intimidad expuesta de modo descarnado y ácido. Las escrituras no dudan en exponer un hiperindividualismo, en proyectarse mediante un discurso violento, en modularse a partir de la autoagresión, renegando incluso de la memoria, del otro, del cuerpo, del deseo.


Un ámbito importante de agregar, es la tematización de la ciudad. Pero de una ciudad asumida en tanto fractura, abordada a partir de sus márgenes, transgredida en cuanto escenario y operando en sintonía paritaria con la voz de la sujeto en tanto sobreviviente. La sobrevivencia de los ’90 es oscura, se vive el día a día y no hay más; emergen así figuras espectrales, semejantes a zombies circulando por una ciudad incluso con atisbos futuristas. Recorro estos textos y no puedo dejar de ver que en paralelo a la conciencia de escribir se desliza el dolor, el desgarro, la sangre, el cuerpo mutilado, la ausencia, el tópico del viajero que inicia una ruta que probablemente no tenga regreso.


Las poetas que publican su primer volumen a partir del año 2000[6] continúan con la instalación de un yo cada vez más intensificado en sus líneas de abordaje. La tristeza se desborda y la sujeto en vez de victimizarse –algo que ya se advertía en la poesía de los ’80- se violenta. Lo asume pero con rabia, lo que redunda en la autoagresión, autodegradación, específicamente del cuerpo; símbolo tal vez del único territorio propio. La sujeto se expone ahora a partir de la diversidad y desoye cualquier posible inserción en el paradigma androcéntrico. La tematización de lo urbano, pasa por el habitar pero además por homologarla a la propia voz de la sujeto. Ambas, mujer y ciudad, se degradan, se duelen y agraden. El desencanto es total, sin embargo aun hay sitio para cuestionar larvadamente el neoliberalismo a la chilena. En términos políticos, los ’80 tenían a la dictadura como gran adversario; los ’90, emerge la crítica a la promesa concertacionista y el 2000, el enemigo ya no es unidireccional y se impone un total desencanto. Se asume el fracaso, el erotismo seco y animalesco, la derrota y los pequeños relatos cruzados por una cotidianidad entre naif y perversa sobre todo para instalar una suerte de neorromanticismo donde el otro es generalmente un masculino degradado o tan culpable como la propia sujeto que lo expone.


Quiero agregar que desde mi perspectiva –menor, siempre menor, quiero recalcarlo- segmentar el campo de la poesía de mujeres en tres periodos me parece tremendamente falaz. Más que pretender identificar especificidades mi propuesta es visibilizar líneas de continuidad, de calce, intensificaciones pero también desviaciones, puntos de fuga. Lo anterior me lleva a plantear que la poesía de mujeres entre 1980 y 2006, configura un territorio donde se movilizan vectores que tienden a cruzarse y separarse. Algunos de estos son:


Uno: la instalación definida de una sujeto lírica mujer; es decir la marcación de un devenir mujer, por tanto siempre en proceso. Pero tal proceso tiene claramente la intención de desobedecer el modelo de mujer generado por el modelo patriarcal. Este es un punto de cruce ’80-’90-2000.


Dos: advierto hacia el 2000, desencanto pero a la vez, un reencantamiento en términos de oposicionalidad que no se manifestaba en los ’90 pero sí en los ’80. Identifico actualmente una rearticulación de la poesía que denuncia la condición diferencial del sujeto menor/mujer.


Tres: otra línea de continuidad, o que tiende a visibilizarse con recurrencia, es la presencia del cuerpo. Desde el cuerpo agredido al que se autoagrede, desde el cuerpo que desea al cuerpo que le basta su propia mano, desde el cuerpo que se envilece al cuerpo que se goza. Cuerpo deviniendo animal, cuerpo que deviene en sangre y en escritura, un cuerpo que se generiza en cada focalización lírica de sus fragmentos.


Cuatro: la ciudad cobra radical y progresiva importancia. De escenario pasa a personaje, de agresiva deviene a cómplice. La ciudad y sus rincones, sus márgenes son el microterritorio privilegiado aunque claramente reconocible de un lugar latinoamericano acosado por la devastación globalizante.


Cinco: la escritura es asimilada al dolor. Escribir es un gesto de resistencia y experimentación; asistimos cada vez más a los cruces de la poesía con géneros como el testimonio, la crónica, el diario.


El crítico uruguayo Hugo Achugar señala: “¿leer la diferencia o la hegemonía?, ¿leer la diversidad o la constante supresión de voces?”[7]. La poesía de mujeres de la actualidad oscila entre la lectura/escritura de la diferencia y la hegemonía. Pero no se trata de una diferencialidad a partir de reconocerse como sujeto mujer, sino como parte de otros sujetos que también ocupan posiciones de marginalidad. Se aborda así la diversidad siempre en el límite de su ocultamiento y la hegemonía como amenaza constante. Ya sea desde el universo político latinoamericano frente al primer mundo y el metarrelato de la globalización o desde el orden del discurso. Se asume que el neoliberalismo construye una narrativa que habrá que desmontar desde la especificidad de un formato llamado poesía. Se retoma, desde mi perspectiva, el concepto de subalterno enunciado por Gramsci en un ensayo de 1934 titulado "Ai margini della storia (Storia dei gruppi sociali subalterni)" de 1934. Tal como señala María José Vega, en particular: “Gramsci utilizó en sus escritos el término "subalterno" en alternancia con otros, como subordinado o instrumental, en el contexto de las descripciones sociales: la palabra "subalterno" se refería a todo aquello que tiene un rango inferior a otra cosa, y puede aplicarse, al ser una denominación relativa, a cualquier situación de dominio, y no únicamente a la de clase”. Redireccionando el término, Gayatri Spivak, señala:
Los grupos de estudios subalternos surgidos en los años ochenta […] conceden sentido a la palabra tanto en el plano político como económico, esto es, para referirse al rango inferior, o dominado, en un conflicto social, para significar así de modo general a los excluidos de cualquier forma de orden y para analizar sus posibilidades como agentes. (Cf. María José Vega)

La condición de subalternidad devenida por el lugar de raza, clase, género (una a la vez o combinadas) tiende cada vez más a instalarse como dominancia en la poesía chilena. Y aunque esto excede el territorio de las escrituras de mujeres, cabe señalar que el año 2002, el diario El Mercurio solicitó a siete escritores y críticos chilenos, que eligieran a su poeta favorito. Los elegidos fueron solo hombres y los convocados a elegir ídem. ¿Y las poetas…y la crítica realizada por mujeres…? Del mismo modo es posible ver los índices de las antologías aparecidos estos últimos años para advertir la escasa presencia de mujeres.


La mujer en el registro poético, debe asumir su lugar subalterno para luego convertirse en un agente estético-político. Sin embargo, no puedo dejar de señalar que así como necesitamos una literatura que asuma su condición de subalternidad también necesitamos una crítica que se asuma como subalterna en relación a la historiografía, las perspectivas de canonización, clasificación académica y crítica literaria en prensa. La fricción entre hegemonía y discursos/sujetos subalternos debe ser continua, permanente, lo subalterno debe necesariamente inscribirse en la esfera pública[8]; solo así se producirán agenciamientos antisistémicos.


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http://www.uc3m.es/uc3m/inst/LS/apolo/spivak.html
Véliz, Rodrigo (comp.). Treinta jóvenes poetas. San Felipe: Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación, 2003.
Villegas, Juan. El discurso lírico de la mujer en Chile: 1975-1990. Santiago: Mosquito, 1993.
Zurita, Raúl. Cantares. Nuevas voces de la poesía chilena. Santiago: LOM, 2004.


[1] Crítica literaria, investigadora y profesora de literatura en la Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad de Chile.
[2] Estas son solo algunas de un amplio grupo de escritoras, nacidas entre 1944 y 1959 (Bárbara Délano constituye la excepción, nace en 1961), que comienzan a publicar a principios de los ochenta: Rosabetty Muñóz, Canto de una oveja del rebaño (1981); Paz Molina, Memorias de un pájaro asustado (1982); Carmen Berenguer, Bobby Sands desfallece en el muro (1983); Alejandra Basualto, El agua que me cerca (1983); Eugenia Brito, Vía pública (1984); Astrid Fugellie, Las jornadas del silencio (1984);Verónica Zondek, Entre cielo y entrelínea (1984); Heddy Navarro, Palabra de mujer (1984); Teresa Calderón, Causas perdidas (1984); Bárbara Délano, El rumor de la niebla (1984); Soledad Fariña, El primer libro (1985); Carla Grandi, Contra proyecto (1985); Isabel Gómez, Un crudo paseo por la sonrisa (1986); Elvira Hernández, Carta de viaje (1989); Alicia Salinas, Poemas de amor, exilio y retorno (1989); Marina Arrate, Máscara negra (1990).
[3] Cf. Andi Nachón.
[4] No puedo dejar de mencionar la importancia que tuvo el Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana realizado en Chile el año 1987, en términos de visibilizar no solo obra narrativas y poéticas, sino fundamentalmente por permitir también la emergencia de voces críticas de mujeres.
[5] Algunos de los nombres de las poetas de los ’90, nacidas entre 1964 y 1976, son: Malu Urriola, Piedras rodantes (1988); Nadia Prado, Simples placeres (1992); Alejandra del Río, Yo cactus (1994); Damsi Figueroa, Judith y Eleofonte (1995); Verónica Jiménez, Islas flotantes (1998); Isabel Larraín, El camino más alto (1999); Antonia Torres y Las estaciones aéreas (1999). Solo he considerado a poetas que han publicado un libro (incluyo el año de aparición del volumen). Quiero consignar, en todo caso, a las poetas: Lila Díaz e Ivonne Coñuecar a quienes conozco a través de antologías y páginas web.
[6] Entre las autoras que comienzan a publicar a partir del año 2000, mencionaré a: Alejandra González, La enfermedad del dolor (2000); Ursula Starke, Obertura (2000); Michel Reich, No estar vivo (2001); Karen Toro, El silencio crece en el jardín (2002); Rosario Concha, Frente al fuego (2002); Gladys González, Papelitos (2002); Marcela Saldaño y Fanny Campos, Inclinación al deseo y al caos (2002), Paula Ilabaca, Completa (2003), Elizabeth Neira, Abyecta (2003), Carmen García y La insistencia (2004); Carolina Sepúlveda, Antimujer (2004); Carolina Sepúlveda, Antimujer (2004); Estela Lamat, Sangre Seca (2005).
[7] Achugar en Dora Sales.
[8] Cf. Asensi.



Danitza Fuentelzar (Chile)


Urbitch!!!



Se masturba sosteniendo un libro de poesía prestada
(((en la otra, crema de manzanitas y recuerdos)))
su culo aceitado brilla en un instante de la noche
obscenas gaviotas gritan
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡empezó la temporada de playa


Hoy ya no me pierdo en su mirada borracha
ya no te encuentro en el mundo de las gárgolas perdidas


te sacaron las pupilas carnero hospiciano
Te corcheteraon el corazón

Pastelito bomboncito lolito Marginalito
Llámame cuando quieras!!!!!!!!!!!
Quizás podamos rayarnos con jack
Y charlar sobre el patético suicida instante
en el que la angustia flácida de la existencia
se apodera de todo.


Ábreme los labios con tus dientes de cordero
que yo saborearé la cicatriz de tu erección.

Gladys González (Chile)


Estampada



Sigo estampada

como un pedazo de género barato

como un muestrario de dolores

que se vende apilado

al aire libre

recordando las historiasque han pasado por esta tela

los dedos que han delineado

cada figura del grabado


tomo las tijeras

saco trozos para pegarlos en mi libreta

intercalo las palabras

con el tejido

para coser vestidos

tengo vestidos de calle

tengo vestidos de fiesta

tengo vestidos de cama

tengo vestidos

estampados en batallas

que no se han terminado de escribir

MARCELA SALDAÑO (Chile)


El sentido que tienen las ventanas al ver los edificios

Te dije que la arcada era un espacio cerca del infinito
Mientras imaginé al otro lado el baile que te despeina según tus palabras
Te imaginé sonriendo cerca de los flujos de los que te hablé
Con una lucidez un poco extraña para un domingo a las cinco de la tarde
Y ese flujo entrando y saliendo
Casi como un juego en la madrugada
algo que fue solo en la penumbra
Algo pequeño casi fantasmal
Un rostro algo borroso
Tu cavidad dentro de mensajes sin nombre
Solo lo que tú quieras oír –me dijiste-
Lo que tú quieras
Y sucede que casi siempre todo lo quiero
Y sería incapaz de reír
Por completar los bellos bailes del otoño
Las cálidas madrugadas eso sí a ellas nunca terminarlas
Y frente a mí a la distancia tú donde quieras
Representando un eco maravilloso
Cerca de los manantiales y los valles de la memoria.
Adicta a los pensamientos como a las flores
Me declaro incorrupta hasta que toques mi puerta.

PRISCILLA CAJALES (Chile)


Muerte primera

Y pensar que primero fue el odio
al olor de las monedas
histeria de cajera de jornada completa y dos domingos libre al mes

aquí la escoliosis no se dibuja en ninguna radiografía y ningún remedio para las várices antes de los 45

aquí se compra el pan todos los días, y me río de mi 5 % de descuento para empleados

las mejores piernas del pasaje se echaron a perder rápidamente gracias a la andada en micro todos los días
el pisoteo y los zapatos baratos
FANNY CAMPOS (Chile)




Byron maúlla cada vez más fuerte

Quiere que lo deje entrar
bajo la lluvia helada
compadezca su cojera
cristales chirriantes
bajo sus garras
El agua en la tina ya no quema
demasiada sangre fría las doncellas
y los fetos se niegan a nacer
Bastardos quieren no tener boca
no poder gritar nunca
“el amor no existe”

Ante esto
los gatos mojados
no conmueven.

Nadia Campos-Prado (Chile)



Al vaciar el corazón para decir quién soy, a veces no lo sé. Tal vez sea una provinciana, perdida en tanta división administrativa. Pero vivo en este lugar, conquistado por antiguas ambiciones. Me vejaron, con armas y fuerza. Mi provincia es un pedazo de tierra que se integra a los imperios sucios del deseo. En este trozo vivo. No puedo incrustarme en el balcón antiguo y ajeno de la prosperidad rubia. El horizonte blanco escupe estas mechas tiesas. Mi provincia es una extensión de terreno al que se le da ese nombre sin que sea una provincia, soy por error. Vivo en este país de zonas erradas y conceptos perdidos en el paladar hambriento de una cara caoba. En el rostro que dentro de la nación hace fronteras en barrios, expectantes frente a la prosperidad, otros avergonzados en la hambruna que fluye como río. Vivo este pedazo de tierra ambivalente, oblicua; la provincia, un país, un barrio, provincias de carne entre carnes. Me ubico en la orilla del alimento, naufragando, siendo nativa entre todos, suelo hablar de mi país, soy como una provinciana sufriendo cierto tipo de provincialismo, me apego, hago de este lugar mi predilección, me apodero de sus actitudes. Es el único sitio donde he vivido, no soy migratoria, no logro sostenerme en territorios alejados, no me adapto con facilidad en estos kilómetros de gente extraña. Este, es el terreno que me pertenece. Otros lugares, otras aventuras me agotarían demasiado, las hazañas me inmolan y el porvenir no existe. Los continentes restantes son sólo tierra paralizada. La nostalgia, a veces, provoca problemas de arraigo enfermizo, dolencias, penas, tristezas. Ese corazón que te consuela, ausente, sin patria en su carne muerta, sin filiación vagando en esa pena después de perder un bien preciado. Sufro de este provincialismo cuando el habitáculo está frío, cuando la cama está anegada de ausencia, cuando la casa no existe. La calle impregnada en la ciudad, se ausenta en tanto aburrimiento.
Me desprendo, el habitante que he querido ser se ha ido.
La pereza retorna.

Soy la propia muerte que viene a colonizarme sin resistencia.


VERONICA QUENSE (Chile)


Mueren de antemano,

las palabras se mueren.

No atravesarán jamás
el asoleado desierto que nos separa.

Sin embargo se dijeron y se dicen,
con la misma insensatez
con que la vida nace.

Suenan al cruzar el aire
y dejan algo de olor
un minúsculo olor.
Rosario Concha (Chile)



la ciudad es una criatura aferrada a mi cuerpo
es mi lengua la ciudad hartazgo
mi carne sobre tu carne
la ciudad en la palabra envoltura de mis huesos
la piedad es el perfume del apareamiento
el castigo de la carne sobre los huesos

yo, una bestia mordida por la duda
es el tedio la piedad de este cuerpo
es hartazgo el intervalo doloroso que atravieso

Soledad Fariña (Chile)


Salgo loba a la calle corro
por la calle elevando remolinos
de polvo así no me ven
Abro puertas fauces llaves
dejo las llaves abiertas
las puertas abro las fauces
elevando remolinos de polvo
Así no

Me ven
Agazapada
a tu espalda hundiéndote los dedos
dónde llamar agoté las fichas

no hay más fichas no hay más números
dónde llamar
Malú Urriola (Chile)



Todas estas mujeres salen cubiertas de pieles de la ópera, yo escucho a Jessie Norman semidesnuda, bebiendo un poco, escribiendo estas cosas que no sé qué son, ni para lo que podrían servir, salvo para otros que están como yo aburridos, sin hacer más que leer o arrojarse en una butaca a ver un buen film, no intento conmover a nadie, la jubilosa masa de gente recorre el centro, y sus ropas cambian de color bajo los innumerables letreros, yo descanso de ellos en este apartamento sin ninguna compañía. Des la ventana los veo caminar enmudecidos por el tráfico y la música de los clubes nocturnos, un par de muchachos cantan un viejo bolero a la entrada, una fina lluvia comienza a caer. Este es mi futuro, mi tremenda soledad.


En sus adaptadas caras los años pasan sin perdón, es mi fastidio lo que los mantiene vivos, si no los viera felices cuando el tiempo se invierte, pensaría que la vida ha sucumbido, por suerte ha pasado la hora, mientras la lluvia cae más gruesa, la calle ha quedado sola, cojo del frasco un par de pastillas y me hecho a dormir.

Lila Calderón (Chile)

Epílogo


Pasamos lateralmente por los paisajes siempre
El paisaje es eterno y entero y sin embargo sólo veo fracturas
pequeños fragmentos en proceso
La imagen completa es inaprensible y abruma
Lástima no tener la capacidad para leerla completa
Qué cantidad de límites Un encuadre sobre otro dentro de un cubo
transparente pero carcelario Qué belleza inabarcable
Cómo abrazarla entera Se diluye Viajo lateralmente
Entro de costado a escena como un ladrón De puntillas en una ruta rota
y vendada Pavimentada para caminar por la realidad que no existe
completa que es inabarcable y encarna el peor objeto del deseo
Es la naturaleza completa en movimiento
Una ola que va y vuelve cambiando la historia y los personajes
La historia inconclusa El largo epílogo del séptimo día
La creación suspendida ante un Dios cruzado de brazos




KAREN TORO (Chile)

Cuento de Invierno

Al poeta Ennio Moltedo


Amaneció su corazón helado
junto al mío
que ardía como la flor de la ira.
Su cara hermosa de muchacho viejo
se hizo una con el aire frío de la casa,
una con el aire limpio de mi pena.


Y me pegué a su pecho y su blancura,
y me dolí con el hielo de su sueño,
y me lloré
me lloré sola junto a mi durmiente
mi constructor de canciones nevadas.


Anocheció su corazón helado
junto al mío
que se durmió de tanto esperarlo.








Damsi Figueroa (Chile)


Apocalipsis del motivo


Toda la fauna reflejada en una fuente
La bestia con los cuernos rotos
La bífida descamada
Semen sobre las plumas del cisne
Sobre su cuello blanco y su pico sepultado
Semen sobre su ala rota

Se desgranan las pupilas del cordero
Las vértebras del cisne, como frutos maduros en la fuente

Y tú, que sólo imitas el dolor del siervo herido,
Nada puedes hacer para lavar la sangre de mis ojos.
(Tú lengua está limpia)
Nada puedes hacer para que tu canto arda.
CARMEN BERENGUER (Chile)




YO HABLO COMO SI HABLARA


“No cantes; siempre queda
a tu lengua apegado
un canto: el que debió ser entregado.”
Gabriela Mistral


Versando sobre las cosas y diversando el movimiento de las consonantes.
¡Esa altivez!. ¡Sonante! Ruido de las palabras influjo soberano.
Alas de mariposas, audibles para mi oído. ¡Brinco el corazón del aire;
ocurre en los labios. ¡Grávidas! las vocales en la profundidad de su acento.
¡Fónicas! Murmurando amurradas altivan sus bajos. ¡Resplandor!
Las pausas que presumen su ausencia reverberan: ¡Gardenias !.
Y es más, esas pausas, cuando la voz descansa a qué silencios hallara.
Pozo humillante atemperado espera., luego pausa, para recobrar el aliento a esta lengua disléxica.
Dice por otra, cualquier cosa.. Resonancia del canto,
canta la letra, canto que interpreta de las heladas el frío. ¡Hierático!.
Más el murmur selvático lo calienta, esgrimiendo en un canto bajito, su tristeza.
Los Ayayay de la huacha extreman su torcedura,
mascullando entre dientes, (como si fuese regalo lo que tengo).
Y no es que quiera ponerle trabas al entendimiento.
Es que yo hablo como si hablara redoblando el paso de lo que digo.
Y así fijara mis leyes cargando a la espalda,
lo que no dije.
Tantas palabras sucias cruzando el cielo,
que si no salen
quedan,
como queda lo que no se dice.
Majestuoso silencio que de nada sirve.
Para eso tengo palabra.


__________________________________________________________
Las palabras y sus silencios, son la pausa que las condena a brillar en su ausencia. Y su reverberación el hueco que deja el canto.




EUGENIA BRITO (Chile)





LAS ALUCINACIONES DEL METRO



Vibra en su cuerpo cada hebra de plata
Cuando se abre su última fuente.



Estampa en que su cuerpo flota sobre estas sucias aguas.

Se reconoce síntoma
Se sabe vana.

Ha arrojado su vida por ser imagen

Los transeúntes que apenas la conocen
Conectan su paso a sus cabellos
Entonces la araña que ensombrece su viaje sin descanso
Los hace oír sus velo- violines enmarañados:
Sus mensajes
Que pesan más que la memoria
Más que la pasión
Pesan en verdad como el dolor de toda gran pasión
Es una cavidad donde un amor sin fondo
Se reconoce para siempre
Solo



“Me llenó el lenguaje de su centro. Me expiró su pasado.
Dancé sobre la fuente : todo mi goce fue inmaterial.”



jueves, septiembre 28, 2006

Maria José Rivera (Chile)


Walking Around II


Sucede que me canso de ser hembra
Sucede que me espío en los rincones
E infinita me descubro en los espejos
Mil veces repetida, mis veces condenada
En la suave oscuridad de mi sexo
En la húmeda incerteza de mi especie

El dolor y paraíso se conjugan en mí
Mientras sangro mes a mes
Mi aterradora condición de útero
Mi incomprendida magnitud de tierra
Acusada del milagro que se oculta entre mis piernas
Como pecado perpetuo de mi género

Sucede que me canso de mi sombra y de mis senos
De mí inculcada pequeñez
Y mí domesticada impaciencia
Sucede que me canso de ser hembra

Sin embargo seria maravilloso
Incendiar el verbo absoluto con el fuego de mis sangres
O acabar de un golpe con el yugo miserable de mi falda
Seria hermoso
Deambular por los caminos con un pezón al viento
Apuntando a los culpables de mi postergado vuelo

No quiero seguir siendo solo vientre
Retenida, aplastada, amarrada como perro
Replegada hacia dentro por el miedo
Solo herida penetrada por la espada

No quiero para mis tantas amarras
No quiero continuar siendo costilla
Solo palabra
Sombra diminuta que se espía
Por supuesto gobernante de mi casa

Por este día de siempre tiembla como la lluvia
Cuando me ve llegar con cara de esclava
Y solloza en su transito de lagrima
Como nave a la deriva
Y da brincos de cenizas arrojas hacia esta hora

Y me empuja a ciertas cavidades
Ciertas líneas oscuras que creía olvidadas
Subterránea, infinita, anhelante
Dulce cuerda palpitante entre mis labios

Hay besos con olor a vino y repetidos ultrajes
Asechando entre las sabanas que más amo
Ataduras y monedas de hambre entre puños cerrados
Hay silencios que debieran ser caricias en mi oído y en mi espalda
Hay cadenas en todas partes y puñales y desiertos

Yo paseo con rabia
Con uñas, con tacones, con pubis, con secretos
Paso, cruzo esquinas prohibidas y veredas marginales
Y oficinas donde reinan solo machos en sillones tutelares
Bigotes, calzoncillos y corbatas
Que ríen roncan piedras y risas


CARLA VALDES (Chile)



Patio 29

Porque vuelan las cabezas,
y los estridentes huesos impares por el aire
ya no se buscan melodías internas de cansancio
se llama a las mujeres universales madres
en busca de fuego, gen, carne.
El sollozo se vuelve espuma

en las olas de mares inexistentes y gravitan cruces rotas
en busca de pavimento alado.
Vienen las voces como espermas
enlutándose en las avenidas del llanto
como seca energía de los cuerpos
a rodar bajo la tierra crudos escondites de horror.
Crepitan nombres enredándose
como fluidos que se arrastran en busca de la sentencia
mientras las vértebras caminan rudas sobre las sombras del aire
mezclándose en el paso de las gentes.
Y todos los cantos, los mares y las tierras de Chile
vienen a cubrir las alasde las piedras inexistentes
de los sepulcros.
ALICIA SALINAS (Chile)

Cuando la luz


Cuando la luz de la calle lo permite

los niños juegan con la muerte

quien pasea
merodea las esquinas
y observa la fragilidad de sus cuerpos
con sonrisa socarrona
Cuando la oscuridad ha caído sobre la calle húmeda
los niños
los mismos
guardan los brazos bajo las piernas
las cabezas en los cuellos
y sueñan
que se deslizan por el tobogán del cielo
Tanto suben y bajan
que despiertan
en medio de la calle
tiritando de frío
Eugenia Prado (Chile)

Fragmento de Hembros: Novela instalación

—primera escena—

—La gestación—
A ambos costados, dos pantallas gigantes video con
imágenes de fragmentos de cuerpos, en el agua, embriones asfixiados, sonidos líquidos.
Texto en off palabras líquidas.
(duración:6 minutos)


Odio a mi padre. Mi padre. El amor no existe. Odio estos mensajes grabados a fuego. El amor no. Mi padre no, tampoco mi madre. El amor no existe. El amor no cuando soy ¿Quién, cuándo soy? ¿Cómo, cuando el amor no existe? Odiar al padre, odiarlos a todos ellos. El amor no existe. Odiarlos a fuerza de la autoridad con odios que calmen sus mentiras, odiarlos cuando dicen que el amor… Odiar a todos los padres y sus instituciones. ¿Cómo existe? ¿Dónde? ¿Cuándo hoy? Nada. Nada creo hoy en este día. Nada hacia adelante cuando las alucinaciones nos impiden los propios ejercicios. Odiar al padre confundido, y a las fuerzas que nos precipitan. Odiar odiando al padre que nos herencia, desechando sus desechos de mentiras. El odio fortalece. La insolencia se corrige por la fuerza. Intensos golpes sobre cuerpos estallados, son la deuda que el padre cobrará a su debido tiempo. Odiarlos con un odio que crece adentro, y que mata cada cierto tiempo. Se mata para corregir mentalidades. Los animales se alimentan y eliminan sus desechos. Mentiras creciéndonos adentro. Agujeros al costado del deudor anidando odios cada cierto tiempo, fabricando sueños. Odiar al padre, a todos nuestros padres, cuando el odio va creciendo. Muy cerca de las bestias, los demonios crecen… a los padres… a todos nuestros padres cuando el odio crece adentro, estallado de nefastas emociones.


PAUSA: OSCURO Black Out
PRIMER REBOBINAR

Sonidos de Cintas rebobinando. Estallidos estridencias
(duración:1 minuto)

Rebobinar. Rebobinar. Regrabar otros códigos de ingreso. Insertar nuevos código.. Rebobinar. Rebobinar. Rebobinar. Regrabar. Des estructurar mensajes incorrectos.

—cuarta voz—

Imágenes en pantallas. Íconos, figuras del arte la música, la política, la revolución. Escritora lee en vivo.
Música: Antijazz. Tema 6. Pájaro Araya.
(duración: 6 minutos)

Nuestras madres transitan por el instinto. El bien es tan escaso como el mal. Lo demás es estupidez. Estupidez, por todas partes. Madre, lo he aprendido todo de ti. Me haces perder la cabeza. Madre, no detengas nuestro viaje, galopemos como antiguas yeguas batidas al viento, sin otro poder que la unión de sangre y luna. Madre, no me hables de la incoherencia, déjame susurrarte en los oídos el dulce abandono que nos hicieron conocer. Nos hemos vuelto hermosas, no podremos huir de nuestros derrames. Madre, jamás dejé de contemplarte. Nunca huir de tus brazos extendidos. No me hagas caer en esa oculta admiración. Déjame libre y no evidenciaré nuestra atadura. Te he traído esta cuna de pétalos. Madre no. ¡No ese espacio vacío y a la vez repleto! Inesperado, autista, incapaz. ¡Ordena tu caos! ¡Conéctate y todo será para ti! El padre miente, engaña, engañado el padre por otro padre y así atrás, engañados por la historia, los niños crecen, los padres callan, el silencio es feroz. Un ojo que todo lo ve me apunta, y ofrece sus sueños. Un mundo de odios condensa mi furia, mienten los padres con señales de fuegos y mentiras, con sus actos despiadados de este mundo. La química no abdica sus poderes. Recibimos sus señales, satelitales mensajes grabados a fuego del horror. Un imperio de cerebros mecánicos precipita nuestras imágenes. Ahora, todo es amenaza. Atómicos experimentan sus científicas fórmulas. ¿Cómo precisar la extraña fuerza que aún nos obliga en la atadura? ¿No es acaso una forma precaria de no sentirnos allí dentro, donde las voces no responden? Un pájaro cruza el cielo, sin embargo, lejos de mí, sus alas agitadas. Quisiera volar como los pájaros… desaparecer…
GRACIELA HUINAO (Chile)



LOS GANSOS DICEN ADIOS

A mi abuelo Adolfo Huinao.


En los ojos de mi abuelo Williche
navegaba el miedo.
Tan solo al morir
apagó ese brillo tímido.
Lo que la naturaleza no pudo
apagar en mi memoria
el color de archipiélago
agarrado en su rostro.
Abuelo, para serte fiel
no recuerdo el día exacto.
Sólo veo a los gansos
abriendo y cerrando
sus alas por la pampa.
Mi corto andar abuelo
no entendió
el origen de tus palabras.
Anciano como eras
me alzaste del suelo
y de tu boca nació la muerte
desembarcando en tu playa.
Tu padre y tu hermano
remaron al sacrificio.
Mientras su madre y mi abuelo
alcanzaron la orilla del hambre.
No hubo eco en la montaña
fueron tan calladas tus palabras.
Pero mi niñez asustada
se acurrucó al alero de sus años.
Abracé la pena de tus ojos
y juntos miramos la pampa:
Una isla con sus gansos
en los ojos de mi abuelo se quedó
en la última mirada.
Abuelo, hoy sé
nunca fuiste Williche
tu origen *Chono o Kawaska
no subió al bote
el día que robaron tu tierra
y tu raíz.
Ahora entiendo
la pena de tus ojos.
De tu origen navegando
en el gran cementerio
del Pacifico Sur.


* Pueblos del extremo sur, vivían en canoas por los canales.





ADIOS PI CHI PU KANZU


Ta ñi laku Adolfo Huinao.

Ta ñi williche nge meu
tangkituyawi chi llükan.
Lalu müten ula
ñami feichi llükalen.
Chi mapu ñi pepi
ñamumelnoeteo
chi ad fütake wapi
tuukülen ñi ange meu.
Laku, ñi rüfngeael
kimlan chem antüngefel.
Re penien chi pu kansu
nülan ka trapumün
ni müpü lelfün meu.
Ñi pichintu trekan
laku kimlai
cheu ñi tuwün ñi dungun.
Füchachefel eimi
witrañpürami püllü meu
ka ta mi wün meu tripai chi lan
konpumeken ta mi ina lafken.
Ta mi chau ka mi peñi
tangkituingu kutrankawün.
Petu mi ñuke ka ñi laku
witrañpürami inaltu meu chi ngüñün
Ngelai aukiñ mawida meu
rume ngüfi ta mi dungun.
Welu ñi pichikafel llükalei
makulluwün mi pu tripantu meu.
Pangkon chi weñangkün mi nge meu
ka mür leliyu chi lelfün
Laku, fachiantü kimün
turpu mi willichengenofel
ta mi tuwün Chono kam Kawaskar
püralai chi tangki
feichi antü mi weñeñmangen
mi mapu ka ta mi folil.
Feula kimün
chi weñangkün mi nge meu.
Mi tuwün tangkituyawi
chi füta eltun meu
chi willi füta lafken meu.


martes, septiembre 26, 2006

Anahí Mallol (Argentina)


City Bay

Son tres las gaviotas
que se ven girar
sobre las cajas rojas del puerto en la mañana
las cáscaras
naranjas
como la luz del sol
pero sin sus destellos
los repollos mojados y podridos
flotan
entre los tablones
astillados de la valla.
Las olas son verdes
reparten su espuma sucia
bajo la proa del ferry que
arrastrado por la marea
se desliza
resbala
hiende el agua
atraca
lento
en el embarcadero.
Los hombres y mujeres del muelle
se aprietan y aplastan
como manzanas
que cayeran
del saetín
a la prensa.
Una mañana
de inmigrantes
ilegales que llegan
a mezclarse
en una ciudad donde nadie
puede decir
yo soy de aquí
ésta
es mi lengua
madre.



New York City Subway
Pestañas
postizas
de azul metalizado.
En los labios
brillitos de chivréal tono.
Y plumas,
muchas plumas.
Hombre
vestido de azul oculto
por el taco aguja
de sandalia
(cherchez la femme)
pies desnudos
lucientes
de uñas
azules
metalizadas
(dans la nuit)
delicada flor azul
soñada por Novalis
-he´s a queen
really a queen
la femme
bleu dans la nuit-
camina
como si nunca
se hubiera sorprendido
de nada.
Hay tensión en el aire.
Las cosas
la gente
comienzan a moverse.
Un frágil equilibrio
un mundo
donde la vida
sólo puede
provenir de la muerte.
Tres veces disparó.
No vi a la chica
pero vi que gritaba

Romina Freschi (Argentina)



Redondel

mi chica blue está triste.dice que está gorda, y dice que está fea. llora mucho, mientras mira revistas de moda y se compra todas las barbiedades de barbie.mejor, sos deforme... - le dije yo. y se enojó. se puso a llorar más fuerte.por suerte me basta con besarla y tocarla un poco. ASÍ se pone contenta una vez.a mi me encanta mi novia blue. es redonda, blanda, y compacta. es perfecta.


***

blanche y luli inventaron unas pistolas LÁSER que vemos en la tele. de trasnoche sábado a la mañana las vieron en un bostezo de aburrimiento televisión. y se encapricharon . -Las queremos!!!.sin dormir nunca más esa trasnoche, trabajaron día y noche construyendo las pistolas. y cuando las terminaron, pensaron que querían afiliarse a la guerra. se hicieron trajes espaciales de teniente y coronel, y entrenaron a una centena de centinelas enanos de videojuegos. ahora patrullan las calles, y disparan manchones de colores con sus pistolas láser de televisión a todos los berrugos malolientes, que yo no sé quiénes son. los pintan, y los berrugos se mueren. o si no se reducen y se meten en computación para estudiar y ser centinelas de videojuegos. Blanche y luli dan las clases. y el que no pasa de nivel, no recibe bonus, y se desintegra en la pantalla. blanche y luli entonces aplauden, y comen pasteles. es que odian a los berrugos malolientes. y no les quieren enseñar.



María Medrano (Argentina)



Lima de carey

abro y cierro el cierre de mi bolsito manicure
y vuelve a llamar ella
reclamándome la lima de mango de carey.
jamás se la voy a darno por la lima
sino por la historia sentimental
por tantas lágrimas que hicieron
barro con el polvillo de mis uñas
apretando el carey, para evitar otra lágrima
y mirar fijamente la uña limada, parano demostrarle que estoy llorando.
ella sabe.
por eso llama
y la reclama.
ella quiere esa lima
ella quiere mi lima.
ella quiere que yo deje de mirar su mango
de carey
ella quiere que la mire a ella
pero no la voy a mirar.esa lima de mierda, me dice ella
esa lima de mierda no vale nada.
yo sé.
yo sé.
no le voy a dar esa lima de mierda
a esa que era mi amiga
y que ahora me llama
reclamándome
esa lima de mierdade mango de carey
que no vale ni tres pesos
y que es mía
porque ella me la regaló
porque ella la compró para mí.para mi cumpleaños
ella no tiene idea de lo que es cumplir 23!
Ahora me voy corriendo
a publicar este poemaen la revista de moda
para que todas mis amigas
sepan que ella me reclama la lima
de carey.




Camino

te despiertan a las 2
te duchás
te vestís
te maquillás
desayunás
esperás.
te buscan a las 4
te requisan
te bajan a judiciales
sacan fichas dactilares
te limpiás los dedos con pañuelo
papel, saliva , remera, pantalón
te sacan a traslado
en el primer camión de la mañana
5 y cuarto llega el camión
llega a las 6 a Palacio
te reparten
6:30 estás en Py.
te bajan del camión
te esposan
te entran
te sacan fichas dactilares
te requisan
si quedás
te meten en un cuarto
te sentás en el piso -no hay otro lugar.
esperás a que te llamen.
viene la boleta con milica
te esposan
te llevan a sala de juicio
si te toca el TOPE 3: cagaste.
y ahí comienza todo.
y tenían razón.
te entran a la sala con esposas
tres jueces: acuña-gandolfi-oliva hernández
fugados de Saló.
tu defensora oficial
el defensor oficial del otro
tu traductora
la traductora del otro
el fiscal
secretarios y secretarias varias en el medio una mesa
donde exponen las pruebas en tu contra.
vos mirás sin entender
y empezás a sentir lo que pensás
en el idioma que desconocés.
Cecilia Pavón (Argentina)


Caramelos de anís

Así como existen las plantas enamoradas del muro, existen las chicas
enamoradas del piso. Esa soy yo. De adolescente, tomé la costumbre de tirarme
al piso a meditar
y desde entonces nunca la abandoné. En invierno uso
una manta roja que me robé de un avión, en verano
no uso nada y el frío de las baldosas me estabiliza el carácter.
Me gusta escuchar mis discos acostada en el piso, y esto
no es un signo de abatimiento:
desde aquí la música es un flash!
Desde el piso veo los muebles desde otra perspectiva,
parecen más modernos o más antiguos, parece que los
hubiera comprado recién.



Berlín

Conocerte es lo único que me faltaba para completar mie ducación. Quiero más de la vida hardcore a tu lado, en discotecas y bares, arrastrarme por el piso para que en un momento de iluminación me digas. “sí estoy dispuesto a violarte en el baño”. “Pero sólo por un breve lapso”y: “por favor no me llames”.Quiero más de la vida hardcore de Berlín. Gente apretada como ratas en una lectura de poesía que tiene lugar en un sótano. Los poemas son buenos, estoy entusiasmada. Ahora vamos por una Avenida, son las tres de la maña-na. El clima es cruel. Aparentemente esta es una zona de vientos.Quiero más de tus manos duras, quiero más alcohol y más drogas.
Marina Alessio (Argentina)



Buenos Aires

¿y esta era la ciudad
a la que yo
extrañaba tanto?

Vos tenés que bailar, me dicen
Vos tenés que estar ahí bailando, siempre
A veces en la vida
hay que asumir roles
Pero yo no puedo
levantarme del piso

me aburro
me fumo un porro
me siento en un sillón
pienso: soy chata
mis fotos no tienen ningún vuelo poético
mis poemas no tienen ningún vuelo poético
y además no tengo tetas

Cuartito negro de cuerpos apretados
El dj anuncia lo nuevo:
hip hop cubano

Yo paso la noche esperando
que pase algo
de los noventa



***

a esta hora estaríamos
viendo si chino
si pastas o pizza
habríamos descartado
la opción de cocinar

elegiríamos chino
con cubiertos sin palitos
y cantaríamos, yo acercando
mi cara a la pantalla
para leer las letras en internet

dejaríamos todo desordenado
tus zapatillas plateadas a lado
de mis zapatillas plateadas
el droguero abierto, las cosas afuera
ya habría tiempo para limpiar

o estaríamos gritando
rompiendo algunos vidrios
con promesas absolutas:
no te quiero
ver mas.

Gabriela Bejerman (Argentina)



tres

cuando llegamos a la fiesta
recorrimos los salones
besos, pequeños abrazos, hay que apretarse contra la gente pegajosa

escurriéndonos para encontrar nuestro secreto
llegamos a un cuarto
una enorme biblioteca con árboles adentro
sus paredes llenas de lomos retorcidos con letras doradas
y opacas letras azules y negras que hablaban de oscuridad
los árboles parecían de navidad, de ellos colgaban
raros regalos, no se sabía para quién, tal vez para nosotros

dejé mi sombrero sobre el sillón
los dos dijeron que era mala suerte
lo habían visto en una película
muchas veces
y a la chica muerta la encontraban verde arriba del techo de la habitación del hotel

no sabía dónde ponerlo
así que vos fuiste simpático y lo elegiste para estrella de un árbol
que llegaba al techo de alto
tenías que treparte por las ramas de plástico
era difícil, se rompían, te lastimaban las piernas pero vos no sentías nada
sólo querías que te filmáramos con los ojos abiertos
ella y yo
vos y yo
mirando cómo él
subía el sombrero de estrella por el árbol y se hacía el poeta chimpancé

yo sé que vos no te pusiste celosa
no es por eso que fuiste a abrir algún paquetito
sino porque tus sachets de curiosidad se te rompían, hermosa
y yo no sabía a quién mirar

te bajaste del árbol y para siempre nos olvidamos del sombrero
que era como un sol en la noche de la fiesta
cerramos con llave porque creíamos que estábamos cometiendo un pecado
o porque si cerrábamos lo que íbamos a hacer sería un pecado

cuando con tu boca grande envolviste la boca dura de una botella
tus ojos, dos ranuras de fuego verde
se dirigieron a mí
que era la destinataria del beso y del trago

por una carcajada arrancaste la botella de golpe
de tus labios mojados salía la risa del primer sorbo de champagne
¿ustedes se besan mucho todavía?
él se te acercó, te envolvió, dijo “yo sí te traje un regalo”

el paquete era ahí, encontraste su lengua gorda, grandota
que se revolvía en ochos con la tuya, blanda y descarada
después esos chuik chuik chuik chuik chuik
cortos, seguidos, ruidosos, que hacían ansiar

en una milésima de segundo estaba borracha o enamorada
pero vos te estabas arrepintiendo de todo lo que iba a venir
del arrepentimiento mismo
ya no éramos tan jóvenes como para decir a todo que sí
¿o sí?

yo también quería un trago
tu brazo fue ávido y me enlazó
tenías que besarme
lentamente lamí tu paladar
debajo de tu lengua una pelotita de carne
le hice un arcoiris con la punta
en tu boca un gusto tibiamente familiar
excitante tu saliva masculina
lo que hacían nuestras lenguas era danza

y aunque después hemos tenido las más hermosas conversaciones
y te haya escuchado las palabras más ácidas y tiernas a la vez
lo que tu boca me dijo con esos besos... fue luz de una luna aún no descubierta
yo chupaba tu inteligencia, tu sabiduría con chapa de calle

entre nosotros había amor incandescente y vos, divina, querías un pase de eso
humillaste con tu sonrisa plácida nuestra desesperación
él puso su ancha mano en tu muñeca y te atrajo
te miré mientras caías en la misma boca en que yo acababa de caer

ahora tu cuerpo tenía otro olor, combinaba con su transpiración sexual
inhalé profundo
podía escuchar, aunque venía la música,
el ruido que hacían sus bocas juntas y los murmullos de algo
que se decían en un idioma que pronto aprendí

entonces los árboles de la biblioteca comenzaron a derramar sobre nuestro ardor
sus hojas escritas con la tinta de nuestros ocultos, temblorosos, prohibidos besos