lunes, diciembre 25, 2006

Soledad Fariña lanzó el libro "Donde comienza el aire". Autora roba el aliento a poetas vivos y muertos

Gabriela García B. Diario La Nación, Martes 24 de octubre de 2006


Es la última obra de esta chilena de 63 años. En más de cien páginas, conversa a través de versos con escritores de la talla de Jorge Teillier, Vicente Huidobro y José Lezama Lima. Acá, Fariña desnuda las claves del libro y cuenta que Gonzalo Millán leyó algunos de sus poemas, antes de morir.

-¿Cómo fue concebido este libro?-Este proyecto nació cuando me di cuenta que muchas de mis lecturas sobre otros poetas eran, a la vez, poemas míos. Es por eso que en este libro lo que hago es dialogar, en la poesía, con estos autores. Hay algunos poetas que ya están muertos, como Alejandra Pizarnik o Enrique Lihn, pero otros que están en la tierra como Gonzalo Rojas, Claudio Bertoni y Nicanor Parra.


-En tu obra, conversas con una más de una veintena de escritores. ¿Es también un tributo a tus poetas favoritos?-Sí, pero no hice la selección de esa forma, porque de ser así, me quedaron muchos afuera. Yo diría que los autores que incorporé fueron los que estuvieron presentes en este período de cinco años de escritura.


-Te tomaste tu tiempo...-Sí. A veces los poemas me salían muy rápidamente, como es el caso de Carmen Berenguer, Elvira Hernández, la misma Diamela Eltit o Malú Urriola. Pero hacer un poema de Parra, usando su tono, para mí fue muy difícil.


-¿Tuviste la posibilidad de mostrarle algunos de estos poemas a los autores citados, a Stella Díaz Varín, por ejemplo?-Sólo a algunos. Pero Stella, que fue mi amiga desde el 87, sí alcanzó a escuchar “Amó la luz” porque se lo leí en un recital. Recuerdo que le dije a la colorina, ¿ves como te plagié? Y ella se río muchísimo. Gonzalo Millán, por suerte, también conoció los tres que están dedicados a él.


-Hablemos del autor de “Claroscuro”. ¿Te afectó su muerte?-Mucho, porque nos tocó hacer hartas cosas juntos: salir fuera, leer, dialogar sobre nuestras obras. Él era un maestro de primera y a mí me encantaba su visión poética, a pesar de que era oscura. Este gesto que hice con toda esta poesía y estos poetas es justamente meterme en el momento en que cuaja el poema y se desliga del autor.


-Te refieres al momento de la escritura, cuando el poema deja de pertenecerte. ¿El título apela a lo mismo?-Sí. Pensé en llamarlo, “Cómo nombrar”, porque es la paradoja del lenguaje con la que trabajamos los poetas, pero me sonó un poco duro. Finalmente, leyendo a Lezama Lima, leí en un poema de él, que decía: “donde el aire empieza”, y a mí se me quedó en la cabeza “donde comienza el aire”. Y quedó.


-¿Y dónde comienza el aire?-Yo nombro ese momento porque es el inicio, es cuando los poetas exhalamos el poema. Entonces, es donde comienza el poema de estos autores que quise introducirme. Es en ese lugar donde quise meter mi voz pero conservando la esencia de ellos. El aire es importantísimo porque también es silencio, algo igual de importante que las palabras.

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